Las pensiones no contributivas son una herramienta fundamental de seguridad social para las personas con discapacidad que no tienen capacidad laboral o se encuentran en situación de vulnerabilidad social.
Existen muchos mitos alrededor de estas prestaciones. Se dice que desincentivan el trabajo, cuando en realidad, la falta de oportunidades laborales adaptadas es la verdadera barrera.
El Estado debe garantizar que estas pensiones sean un piso de dignidad, no un techo que impida el desarrollo de las personas.