La educación inclusiva no es solo un mandato legal, es un imperativo ético. A menudo confundimos integración con inclusión. La integración pone al estudiante en el aula; la inclusión transforma el aula para el estudiante.
En mi experiencia recorriendo escuelas y hablando con familias, el principal obstáculo no es siempre la falta de recursos materiales, sino la rigidez de nuestras estructuras pedagógicas.
"La escuela debe adaptarse al niño, no el niño a la escuela."
Es necesario repensar la formación docente y brindar herramientas reales para gestionar la diversidad en el aula. No se trata de voluntarismo, sino de política pública efectiva.